lunes, 14 de octubre de 2013

Ko Phi Phi Ley: ¡el paraíso existe!



Desayuno en Baxil (con bolsa de churros)
Miércoles 1 de mayo. Nos levantamos sobre las seis y media de la mañana y, rápidamente, fuimos a desayunar al Baxil, la zona de restauración del Hotel Zeavola donde se servía el primer ágape del día (y de la que, desafortunadamente, pudimos disfrutar poquito, ya que teníamos los horarios súper apretados). Además del típico buffet libre de un hotel de gama alta (panes de diferentes sabores, formas y harinas, una gran variedad de dulces, platos calientes, todo tipo de bebidas, cajitas de cereales individuales...), éste tenía unas paradas temáticas, estilo las del mercado, pero en modo "deluxe". Una, con frutas; otra, con comida thai... Además, en la mesa te esperaba una bolsa de cartón con una especie de churros en el interior, en la que, utilizando la parte exterior a modo de carta, te ofrecían otros platos calientes. De las pocas cosas que me arrepiento, es de no haber disfrutado con más tiempo estos deliciosos y abundantes desayunos.

Sobre las siete y media de la mañana, nos dirigimos al Padi Centre, donde el día anterior habíamos reservado la excursión de las cuatro islas. Privada, solo para nosotros. Un capricho que uno se puede permitir en Tailandia. Aquí, nos dan agua (que a media mañana ya estaba como el caldo), toallas y el equipo de snorkel (gafas, tubo y aletas). Una vez equipados, nos presentan al capitán de nuestro longtail boat (barco de popa larga) y, con una ilusión tremenda, nos embarcamos. Inmediatamente, salimos, rodeando toda la costa de Phi Phi Don, hacia Ko Phi Phi Ley. 
 
Dirección a Ko Phi Phi Ley

Después de cerca de 40 minutos, llegamos al paraíso del paraíso: la famosa, archiconocida, increíble y (ya) muy turística Maya Bay (Bahía de Maya), donde se rodó la película de La Playa (con Leonardo Di Caprio). Aunque la entrada a la bahía pueda despistar cuando llegas por primera vez, una vez que estás en la arena la panorámica es inconfundible. Como no podía ser de otra manera, aquí toca una sesión de fotos non stop, para inmortalizar el momento y disfrutar de él cuando estemos en casa (he puesto la foto en un marquito que compré en Chiang Mai). Después, es obligatorio dedicar un rato para el baños y para el deleite de la vista (sin hacerlo a través del objetivo de la cámara). Al cabo de una hora, dejamos atrás esta maravilla para seguir nuestro itinerario. Sobre todo, aconsejo ir en barquita privada (no sé si nos costó 65-70 euros, dos personas, seis horas) e ir pronto, antes de que lleguen las grandes lanchas a rebosar de grupos de turistas. En mi opinión, éstas no ofrecen la misma experiencia que los longtail boats, ni te permiten ir al ritmo que uno desee.
 
Maya Bay (o Bahía de Maya)

La segunda parada del recorrido fue en Loh Sama Bay. Esta bahía, localizada al sur de Phi Phi Ley, muy cerquita de Maya Bay, es ideal para hacer snorkel.Y eso hicimos. Nos inauguramos, por primera vez, en esta actividad que, pese a mi inicial desconfianza, fue la mar de divertida. Siendo previsora, y dada que la profundidad era de más de cuatro metros y los turistas que teníamos a nuestro alrededor se habían puesto chaleco salvavidas, pedí uno a nuestro capitán. Es muy cómodo y no te tiene que preocupar de nadar todo el rato, ya que flotas. Vimos muchos peces, corales, erizos y formaciones rocosas varias. En algunas de ellas, hasta se podía hacer pie. La única pega es que me entraba un poquillo de agua por las gafas. Así que, recomendación de principiante: revisad bien el equipo antes de salir. A mi, ni se me pasó por la cabeza...
 
Haciendo snorkel en Loh Sama Bay

La tercera parada fue en Piley Bay, otro paraíso. Esta bahía, con el agua como una balsa y el color turquesa en su máximo esplendor gracias al sol, estaba un poco menos transitada. Al final de la bahía, no cubre, así que puedes tocar de pies al suelo y estar más relajado. Posteriormente, paramos unos segundos, sin bajarnos, en la Viking Cave, una cueva que, si bien antes se podía anterar, ahora el acceso está prohibido. Al menos, para turistas.  
 
Piley Bay

Dejamos atrás Ko Phi Phi Ley para poner rumbo a Bamboo Island, una islita totalmente circular que, salvando las distancias (unos pocos quilómetros), está ubicada enfrente de nuestro hotel. Cuando llegamos, nos sorprendió increiblemente. Y es que además de la famosa Maya Bay, hay otros lugares que son igual o más increíbles y que no son tan conocidos. La perfección de su forma, totalmente circular; junto al agua turquesa y cristalina, que se fundía con el cielo del mismo color, hace pensar que es más un espejismo o una imagen de Photoshop, que no una estampa real. Otra gran imagen para el recuerdo. Aquí estuvimos cerca de una hora. 
 
Nuestra barquita, en Bamboo Island

Recorrimos la mitad de su perímetro (y ojo con el sol, porque aún llevando protección nos quemamos), tomamos algo en el único chiringuito que hay en la isla (al lado de una zona de camping) y, como no, bañito al canto. Era increíble la temperatura del agua. Estaba casi como el caldo...Para mi, que me gusta calentita, perfecta!
 
Barca azul en Bamboo Island

Con toda la pena de dejar atrás Bamboo Island, nos dirigimos a la última parada de nuestra excursión: Mosquito Island. Al ravés que Bamboo, que está al lado, en esta isla son todo formaciones rocosas y acantilados. El conductor del barquito examinó una poco la zona, paró y nos indicó cuál era el mejor sitio para hacer snorquel. Casi todo, con señas. Así que, una vez más, bajamos las escaleritas y nos deleitamos con el fondo marino de este pequeño pero increíble archipiélago. Espectacular. Este fue quizás el sitio que más impresionaba, ya que no había playa por ningún sitio y se veía el mar abierto...

Regresamos al hotel sobre las dos de la tarde. Volvimos a comer a pie de playa, en el restaurante Tacada y, después de comprobar que estábamos literalmente socarrados, dascansamos un par de horitas en la habitación, con en el ventilador de madera a todo trapo. Antes de ponernos en marcha, me vuelví a dar un bañito en el mar de Andaman. El último. No había manera de resistirse a él...
 
Superando los centenares de escalones hasta el Point View de Ton Sai

Sobre las cinco de la tarde alquilamos un longtail boat para ir a Ton Sai, la única ciudad de la isla. Por 1.000 baths, fuimos, nos esperaron dos horas en el puerto de este pueblecito y nos llevaron de regreso al Zeavola. Ese tiempo lo aprevechamos para subir hasta el famoso point view, un mirador que está en uno de los puntos más altos de la isla y que tiene unas preciosas vistas, con vistas a las dos bahías. Aviso a navegantes: cerca de una hora y media para subir, estar un ratillo y bajar. Para llegar hasta él hay varios tramos de empinadas escaleras y varias cuestecitas por el camino. Además, para más inri, a mitad de camino hay una caseta donde te hacen pagar 20 baths para acceder al mirador. 

Point view de Ton Sai (Kho Phi Phi Don)
Después de darnos esta paliza y con la piel como un tomate, volvimos al hotel sobre las ocho de la tarde. Es curioso navegar con un barquito tan chiquitito a esta hora, cuando ya había anochecido. El mar aún mucho más respeto de lo normal. Esa noche, compramos aloe vera para mitigar las quemaduras y pedimos cena en la habitación. Nuestro estado no nos permitió más. Eso sí, al ser el último día, nos habían dejado un detallazo encima de la cama: un peluche de un pato y otro de un gallo hechos a mano.Total handmade.

viernes, 4 de octubre de 2013

Aterrizando en el mar de Andamán



Día 30 de abril. Al amanecer, después de un sueño exprés de apenas seis horas, salimos del hotel Siri Lanna hacia el aeropuerto de Chiang Mai para coger el vuelo destino Phuket, la mayor isla de Tailanda, situada en el mar de Andamán. Tocaba el esperado momento playa y relax que, como viene siendo habitual en nuestros recorridos, se acabó convirtiendo en un par de jornadas de intensas excursiones que poco tiempo dejaron para el descanso. Y sin arrepentimiento alguno.
 
A las diez y media de la mañana pasadas, llegamos a Phuket con la aerolínea Thai Smile, un operador de Thai Airways. Al contrario que otras muchas aerolíneas, este ofrecía vuelo directo, sin escalas, en menos de dos horas (además de desayuno gratuito). A la salida del aeropuerto de Phuket ya nos estaba esperando una chica de JC tours, la empresa con la que contratamos los traslados en esta isla y la excursión a la Bahía de Phang Gna, que haríamos posteriormente el día 2 de mayo. Nos subimos al vehículo y pusimos rumbo a Rassada Pier, donde salía el ferry que nos llevó a las paradisíacas islas Phi Phi. Estos tickets los compramos con antelación a través de Internet. Con un tráfico un poco denso, tardamos cerca de tres cuartos de hora. 


La bandera tailandesa del barco, un tanto deshilachada, con las Phi Phi al fondo
Cuando llegamos al puerto, donde hay varios chiringuitos con comida y unos baños bastante penosos (al menos en ese momento), estuvimos esperando cerca de una hora para poder subir al ferry. Aviso a navegantes (y nunca mejor dicho): Aquí hay que espabilarse para coger asiento. Después nuestro, no paró de entrar gente hasta las 13.30 horas, cuando, por fin, el barco salió, casi hasta los topes, dirección a Phi Phi. 
Las Phi Phi, más cerca del paraíso
Con un calor bochornoso y con cierto overbooking al que parecía estar más que acostumbrada la tripulación, tardamos dos horas en hasta llegar a Ton Sai Pier, el puerto principal de Phi Phi, la única población de la isla. Ésta, está ubicada entre las dos bahías. Cuando el tsunami de 2004 arrasó la zona, la ola cruzó de un lado al otro. En esta primera parada de Ton Sai Pier se bajó casi todo el mundo y nos quedamos sólo los que íbmos a los hoteles del norte, la zona de Laemtong Beach. Aquí subió un representante de nuestro hotel, el Zeavola, para comprobar que estuviéramos todos (todos los que teníamos que estar, claro) y agrupar nuestro equipaje para descargarlo, más tarde, en el hotel.
 
Llegando a nuestro hotel, el Zeavola, en un barco de popa larga
Sobre las cuatro de la tarde llegamos a la altura del Hotel Zeavola. Y digo a la altura porque, debido a que no hay embarcadero y la envergadura del barco era considerable, nos vinieron a buscar en uno longtail, una de esas barquitas de madera alargadas tan típicas de Tailandia, protagonista indiscutible de postales y fotografías. Ahí cargaron nuestro equipaje y, posteriormente, a nosotros. En tres minutos, desembarcamos en la playita del hotel y pisamos, por primera vez, las cálidas y cristalinas aguas del mar de Andaman. Sí, primero el agua; luego, la arena. Mmm...que recuerdos... 


Nada más bajar y a pie de playa, una persona del hotel nos ofreció toallitas húmedas para refrescarnos. Luego, pasamos a la recepción, un pequeño espacio de teka (siguiendo toda la estructura del hotel), para hacer el check in. Aquí nos dan un té frío y... un upgrade de habitación: de la standard nos cambian a una front beach, ubicada a pie de playa! Era increíble y súper bonita... El secreto de este cambio: hacer la reserva a través de la web de Small Luxury Hotel of the World. Ofrecía el mismo precio que el resto, pero con algunos detallitos como este. A veces, sólo por estos motivos vale la pena dedicar unas horillas a buscar las mejores ofertas y hoteles...
 
Zona dormitorio de la habitación/bungalow del Hotel Zeavola
Por fín llegó el momento de entrar a la habitación. ¿Qué decir de la habitación? Si casi era como una casa, con todo lujo de detalles. Además de la zona del dormitorio, con una mosquitera y chaise longue, destacaría la zona de estar exterior, con  zona de descanso, mueble con minibar, sillas, lámpara anti mosquitos y, lo último de lo último, persianas de bambú eléctricas. El baño, que era una habitación anexa al dormitorio, tenía una ducha interior y otra exterior, rodeada ésta última de bambú. Además, a la entrada de nuestra pequeño palacete tailandés había un recipiente para lavarse los pies. Y es que todos los caminitos del Zeavola, hotel de diseño ecofriendly e integrado en el paisaje, son de arena. Se puede ir descalzo todo el día (y noche). La mar de cómodo.
Porche de la habitación/bungalow del Hotel Zeavola, en Phi Phi
 
Después del primer reconocimiento, nos fuimos inmediatamente a comer al restaurante Tacada, perteneciente al hotel y situado en la misma playa. Con el hambre que teníamos, nos comimos dos platos de pasta en un periquete. Después, reservamos en el Padi Center (club de buzeo y excursiones) la excursión de las 4 islas para el día siguiente (Phi Phi Don, Phi Phi Leh, Bamboo Island y Mosquito Island). Antes de que se fuera el sol, nos dimos nuestro primer bañito oficial. Con marea baja y en compañía de unos cangrejillos. Es lo que tiene que el agua sea tan tan transparente...que se ve todo. 

Como estábamos cansados y el sol se escondía, fuimos al spa, dividido también en módulos de teka. Entre las opciones que había en la carta de masajes, escogí un pack que incluía un scrub de yogur (exfoliante), wrap de algas marinas (envoltura hidratante) y masaje de aceites (relajante). Al levantarme del masaje me encontré una grata sorpresa: una pequeña trenza a modo de tiara. ¡Qué detalle! De aquí, nos fuimos rápidamente a cenar, ya que la cocina del Tacada cerraba a las diez. Luego, a dormir. Al día siguiente madrugábamos mucha para salir pronto de excursión.
Restaurante Tacada, del Hotel Zeavola, al lado del mar