Después de nuestro primer desayuno en la mayor de las antillas, iniciamos nuestra incursión en La Habana Vieja. Nada más franquear las puertas del hall del hotel Sevilla, donde vendetodos te asaltan mañana, tarde y noche, hacemos nuestro primer recorrido por el paseo del Prado,
cuyo nombre oficial es Paseo José Martí y cuya estética y arquitectura
es irremediablemente parecida a Las Ramblas de Barcelona. Y es que, de hecho, posteriormente nos enteramos que su diseño estaba basado en esta alegre y concurrida vía barcelonesa.
Seguimos esta arteria principal hasta llegar al Parque Central. En este sitio, una especie de plaza llena de vegetación (pero sin parecer realmente un parque), uno puede coger un taxi, negociar un paseo en calesa, tomar el bus turístico por cinco Cucs diarios, pactar un tour de una hora con uno de esos autos auténticos americanos de los años 50...o, sencillamente, utilizarlo como puerta de entrada a La Habana Vieja y la calle Obispo. Nosotros, des de ahí, nos acercamos a ver el Capitolio, que en esas fechas estaba cerrado por obras (y parecía que iba para largo).
Seguimos esta arteria principal hasta llegar al Parque Central. En este sitio, una especie de plaza llena de vegetación (pero sin parecer realmente un parque), uno puede coger un taxi, negociar un paseo en calesa, tomar el bus turístico por cinco Cucs diarios, pactar un tour de una hora con uno de esos autos auténticos americanos de los años 50...o, sencillamente, utilizarlo como puerta de entrada a La Habana Vieja y la calle Obispo. Nosotros, des de ahí, nos acercamos a ver el Capitolio, que en esas fechas estaba cerrado por obras (y parecía que iba para largo).
De
camino a la calle Obispo, chocamos de frente con uno de los muchos
iconos vivos de la Habana: El Floridita, la cuna del Daiquiri, como reza
la inscripción que hay detrás de la barra de esta archiconocida coctelería. El escritor Ernest Hemimgway era
asiduo a este cóctel, una combinación de ron blanco, azúcar y zumo de limón. De ahí, su frase “My mojito in the Bodeguita and
My daiquiri in the Floridita”. Una escultura al final de la barra
recuerda hoy al famoso cliente, autor del Viejo y el Mar. En algunos
momentos del día es necesario hacer una pequeña cola para retratarse con su figura. Teniendo en cuenta los precios (nada baratos para ser Cuba), se agradece ese platillo de plátano frito que sirven al pedir caulquier bebida. Y es que, además, seguramente más de uno regrese a casa el plátano y el bonitato frito integrados en su dieta....
| Farmacia Museo Taquechel |
| Plaza de Armas. La Habana |
De ahí, vamos hasta llegar a la Plaza de Armas, que cuenta con un interesante y curioso mercado de libros de segunda mano. Los fanáticos de estos bazares literarios, podríamos pasarnos tranquilamente más de media mañana en estos pocos metros cuadrados de la ciudad. Libros sobre Cuba, manifiestos sobre la Revolución, novelas, antiguas guías de viaje, discos de vinilo con portadas descoloridas, pósters de películas que marcaron un hito en la filmografía cubana, como Fresa y Chocolate...
| Trabajadores en la calle Mercaderes. La Habana vieja. |
Salimos
de la plaza por la calle Empedrado, que da cobijo a otro clásico habanero: La
Bodeguita del Medio. En esta primera incursión, solo nos hicimos las
fotos de rigor en la fachada. Al día siguiente vivimos en directo el ambiente la BdM. En este punto, decidimos recorrer otra parte de
la calle Mercaderes, que está en proceso de recuperación por parte de la
Oficina del Historiador. Algunas ciudades o villas cubanas cuentan con esta
oficina, que es la encargada de velar por el mantenimiento del casco
histórico. Una de la primeras paradas en esta vía fue la Maqueta del
Casco Histórico (Habana Vieja). Realizada por Orlando Martorell y su
familia, tardaron tres años y medio en hacerla. Si pagas 1 o 2 CUCS más
(no recuerdo bien), se pueden hacer todas las fotos que se quiera. Normalmente, el tema de la fotografía funciona así en toda Cuba.
A esas alturas del día, nuestra siguiente parada fue por exigencias
del estómago. Teniendo en cuenta la selección de paladares que había
realizado a conciencia desde casa, nos decantamos por el Paladar Los Mercaderes. No nos defraudó. Ubicado en un primer piso, destaca por una decoración
colorista y alegre. Tienen un menú del día con platos representativos de
la cocina cubana (tostones, frijoles, ropa vieja...) por 12 CUCS con
postre incluido (9,50 euros aprox). Muy muy completo.
| La Bodeguita del Medio. Calle Empedrado |
| Plato de Ropa vieja. Paladar Los Mercaderes |
Acabamos el recorrido por la Calle Mercaderes en la Plaza Vieja, otra de las cuatro plazas más famosas de La Habana. Aquí, además de encontrar sorprendentemente tres o cuatro tiendas de marcas (las únicas que vimos en toda Cuba), está la cámara oscura y una estatua de un gallo cuyo significado no llegamos a alcanzar... Es la de más reciente restauración por parte de la Oficina del Historiador de la Ciudad y en cuyo centro hay una enorme fuente de mármol de Carrara que, como pudimos comprobar posteriormente en la ciudad, era muy utilizado antes de la Revolución. Tanto para las grandes mansiones y palacios (como el palacio presidencial) como en el cementerio de la Necrópolis de Cristóbal Colón.
Decidimos retroceder sobre nuestros pasos y regresar un rato al
hotel para descansar del sofocante calor y darnos un bañito en la
piscina. Regresamos por la calle O’Reilly. Aquí, un perspicaz vendedor
nos convenció para entrar en su negocio, nos montó en un santiamén una
clase de música (buscando nuestro lado más musical, que
era nulo) hasta que al final, por su buena disposición y el buen rato
que nos hizo pasar, le compramos un par de marcas y el clave con el que nos había "conquistado". Este vídeo me lo reservo...
Después
del bañito en la piscina, decidimos ir a ver otro de los top ten de La
Habana: el Malecón. No encontramos un solo paso
de cebra para pasar a la acera que daba al mar. Así que no tocó pasar de cualquier
manera. Después de un paseíto a pleno sol, nos aventuramos con nuestro primer
cocotaxi. Lugar de destino: heladería Coppelia. Después de la foto de
rigor en la entrada, nos avisan que el local está cerrado por limpieza. ¡Qué mala suerte...!
Como lo teníamos cerquita, fuimos a echar un vistazo al Hotel Nacional, que también tiene una fuerte carga histórica, además de un bonito vestíbulo y una señora terraza. Ahí nos tomamos el primer mojito frente al mar, en el jardín del hotel, acompañados de un cuarteto de músicos, mientras empiezan a caer las primeras gotas de lo que posteriormente fue una señora tormenta. Realmente, fue uno de los mejores mojitos de todo el viaje. Por cierto, mucho mejor que los de la BdM...
Como lo teníamos cerquita, fuimos a echar un vistazo al Hotel Nacional, que también tiene una fuerte carga histórica, además de un bonito vestíbulo y una señora terraza. Ahí nos tomamos el primer mojito frente al mar, en el jardín del hotel, acompañados de un cuarteto de músicos, mientras empiezan a caer las primeras gotas de lo que posteriormente fue una señora tormenta. Realmente, fue uno de los mejores mojitos de todo el viaje. Por cierto, mucho mejor que los de la BdM...
Por la noche, nos
acicalamos un poco, cogimos un taxi y nos dirigimos al Paladar La Guarida, otro
de los paladares con más éxito en la ciudad y en el que, por supuesto, también se
tiene que reservar. Yo lo hice con un mes de antelación, desde casa, vía
correo electrónico. Mi propuesta: arriesgarse y pedir de entrante los raviolis de queso con pesto y como plato principal un compacto de asado de cochinillo (no recuerdo el nombre exacto). Ambos platos deliciosos, y el precio creo recordar que rondó los 20-25 cucs por persona (con un plato principal para cada uno).
Un consejo para que la cena resulte aún más perfecta
y de cuento: reservar en una de las cuatro mesas que están ubicadas en
los balcones. Más íntimo y romántico. Ubicado en un piso de un palacete de principios del siglo XX (C/Concordia, 418), el establecimiento nació, según citan sus propietarios, "para mantener viva la historia de Fresa y Chocolate", un film que llegó a ser nominado a los Óscars como mejor película extranjera. Volvimos al hotel el taxi. Cada trayecto, cinco cucs.Ahí dimos por terminada nuestra primera jornada habanera.
| Cena en uno de los balcones del Paladar La Guarida. La Habana |
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